Cuenca se encuentra en un enclave privilegiado, la parte antigua de la ciudad se alza sobre una montaña rocosa flanqueada por las hoces de los ríos Júcar y Hucár, como Baroja la denominó Cuenca parece un “nido de águilas”. El impresionante enclave natural y la riqueza monumental legada por años de historia le valió ser declarada como Conjunto Histórico Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.
Una pintoresca y bella ciudad entre las hoces del Júcar y el Huecar
El origen histórico de la ciudad de Cuenca lo encontramos en la dominación musulmana a partir del siglo VII. En el siglo X existía una provincia equivalente a la actual con capital en Ercávica, uno de sus enclaves principales junto con Uklis (Ucles) , Wabda (Huete), Quelaza (Iniesta) era Kuvenka (Cuenca). Merece la pena visitar el museo arqueológico de Cuenca dónde podemos encontrar importantes piezas encontradas en Segobriga y Valeria.
En el siglo X era descrita como una antigua villa junto a un lago o albufera rodeada por montañas y con unos 700 habitantes. El enclave de la ciudad la dota de gran valor estratégico por ello Alfonso VIII la re-conquista en 1177. El redoblamiento de la zona encomendada a las órdenes militares y la concesión de un Fuero y el restablecimiento de una sede episcopal conducirían a que en 1257 alcanzará el título de “ciudad”.
Desde el punto de vista económico la actividad dominante era la industria de paños ya que la agricultura no había sido fomentada por los gobernantes musulmanes de la época. En el siglo XV Cuenca será un importante centro textil de España. Prueba de esa importancia la podemos encontrar en la colección de tapices del Museo Diocesano de Cuenca. Junto con la hegemonía en el ramo textil la ciudad experimenta un gran desarrollo y comienza una gran expansión agrícola. De este siglo son El palacio Episcopal, los Jesuitas, Las Petras, el Oratorio de San Felipe Neri etc… Durante el siglo XVI sigue la expansión de la ciudad pero en el siglo XVII Cuenca conocerá la escasez extrema y el hundimiento de la industria textil. Aunque en el siglo XVIII la ciudad empieza a recuperarse y a intentar relanzar la industria textil, un decreto de Carlos IV que suprimía los talleres de Cuenca por su competencia con la Real Fábrica de Tapices dará al traste con esta idea. Aunque obtiene la capitalidad XIX, las guerras carlistas, la guerra de la Indepencia (sufrió saqueos por las tropas napoleónicas y fue sitiada en el 1874) y la guerra civil sumirán a Cuenca en un letargo del que no se recuperará hasta mediados del siglo XX.
Los monumentos más representativos de la ciudad son la catedral y el puente San Pablo y las Casas Colgadas. A partir de estos enclaves dibujaremos el recorrido.
Foto de la bóveda, recepción del Museo de la Ciencia de Cuenca
Empezamos ascendiendo por la calle Alfonso XVII y nos encontramos con la iglesia neogótica de el Salvador, desde aquí podemos ver la Iglesia de San Felipe Neri y San Andrés del siglo XVII. Es un bonito paseo que culmina en la Plaza Mayor, franqueado las casas populares coloreadas que serán las que después veremos desde el puente San Pablo, los conocidos como rascacielos del casco antiguo.
Una vez llegamos a la Plaza Mayor y antes de cruzar los arcos subimos por unas escaleras de piedra que nos conducen a Plaza de la Merced, merece la pena que nos detengamos aquí. Podemos visitar el Museo de la Ciencia, a veces organizan exposiciones temporales en la Iglesia barroca de la Merced que encontramos justo en frente. Si continuamos la calle por el lateral del magnífico Seminario de San Julián accederemos a la Torre de Mangana. Después de admirar el paisaje de la ciudad nueva desde la explanada de la torre desandaremos el camino y volveremos a la Plaza Mayor.
Cruzamos los arcos del Ayuntamiento de Cuenca (siglo XVIII) y accedemos a la Plaza Mayor presidiendo la plaza nos encontramos con la Catedral de Cuenca es el edificio más importante de la ciudad su construcción se inicio en el siglo XII y es de gótico anglonormando. Destaca el triforio, la capilla honda y de los Caballeros y el Arco de Jamete. Adosado a la Catedral encontramos el Palacio Episcopal, que alberga el museo diocesano. Continuando por la calle que rodea la catedral a la derecha nos dirigimos a la fachada de la ciudad que da al río Huecar, por orden encontramos el museo Arqueológico y el museo de Arte Abstracto Español. Cruzando un pequeño pasadizo que forman las Casas Colgadas (emblema de la ciudad) llegaremos por fin al puente de San Pablo. Al final del puente encontramos el Monasterio de San Pablo que actualmente es un parador de turismo. En la Iglesia del monasterio encontramos la fundación Torner (pintor abstracto conquense).
Volvemos a subir la calle de descenso y partimos otra vez de la Plaza Mayor, para visitar la vertiente de la ciudad que da al Júcar. Descendemos por unas escaleras de piedra enfrente de la puerta de la catedral y luego nos dirigimos a alguna de las bajadas (por ejemplo la de San Miguel) el objetivo es llegar a uno de los miradores que podemos encontrar en la fachada de la ciudad y contemplar el río Júcar desde allí. Subiendo a la derecha veremos la Iglesia de San Miguel. Recorriendo las estrechas callejas volvemos a acceder a la calle desde la que iniciamos el descenso continuando y pasando por delante de la Fundación Antonio Sauria llegaremos a la Ermita de Nuestra Señora de las Angustias , un pequeño rincón que no nos podemos perder.
Volvemos a la escalinata de la catedral esta vez para ascender por la Calle San Pedro a la parte más alta de la ciudad. Por la calle San Pedro vemos las fachadas blasonadas de los antiguos vestigios nobiliarios de la ciudad por ejemplo el palacio de los Mayorga o el Convento de las Celadoras del Sagrado Corazón, del siglo XVII ahora convertido en un hotel. La calle San Pedro da a la plaza del Trabuco donde podemos encontrar la iglesia de San Pedro una iglesia de planta octogonal del siglo XV. Bajando unas escaleras detrás de la iglesia llegaremos a la Fundación Antonio Pérez instalada en un antiguo convento de las Carmelitas del siglo XVII Estilo Herreriano. Continuando el acceso pasaremos por debajo del arco de bezudo, últimos vestigios del castillo de cuenca. Desde cualquiera de los miradores que encontramos un poco más arriba tendremos unas vistas privilegiadas de toda la parte antigua. Hay numerosos restaurantes para hacer una pequeña parada.
Firma: Marta Alcañiz García información obtenida de las guías de Cuenca - Castilla la Mancha. La casa Rural del Criprés